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sábado, septiembre 30, 2006

Vendimia

Árboles. Las hojas son unas pocas vides. Las ramas hacia el remolque. Ramas más recias, el remolque hacia la tolva. Etcétera. Cruzamos esas ramas como intrusos en una ceremonia vagamente secreta. Tenemos ramas de los Andes, del Atlas y del Hindu-Kush. Así son las cosas. El bosque es un sector empresarial que no sabe por donde sacarse el dinero. Quizá financien blogs, pero embriagarse de blogs no es lo mismo que hacerlo de poesía o de vino.
Miramos al suelo y los viñedos expulsan cantos rodados o piedras afiladas como armas de guerra. Celebración de los suelos pobres, que dice algún entendido que nos acecha en su renque de intelectual a la lavanda. De pronto llueve, pero estamos lejos, en un paraje de viñas vendimiadas y como recien paridas. Los tordos y su vocación de ectoplasma moldean el cielo como si ya no hubiera chopos.

viernes, septiembre 29, 2006

Poeta

Acto puro, motor inmóvil, el Dios que sólo se conoce a sí mismo. Un neoplatónico, evidentemente. Pero es difícil encontrar neoplatónicos interesados por la geometría, al menos fuera de Cambridge.
Por lo que hace a la cara de flato perpetuo de Harold Bloom comprobaremos si "sapiencial" es "fútbol es fútbol", o algún otro avestruismo eiusdem generis.

jueves, septiembre 28, 2006

Apólogo

Dejó la lectura del breve apólogo para algo más tarde. De tan breve, no podía considerarse culpable una dilación como ésa. Verdaderamente infinitesimal. Y no era por escasa diligencia, pues poquísima virtud era necesaria para materia tan escamoteable. Y así fue pasando el tiempo.
Se acumularon otros breves tareas, y deleznables. No se acumularon en un tiempo abstracto o en la falible memoria. Se acumularon encima de la mesa. Con todas las molestias e inconvenientes que un fenómeno de tal naturaleza puede siempre reportar.

miércoles, septiembre 27, 2006

Topolino

Aspirino y Colodión. El gran Alfons Figueras. Verdaderamente grande en sus paseos y praderas interrumpidos por ataques subitáneos y extradimensionales. En sus historietas colgaban los vampiros atacantes como los bocadillos escritos en alejandrinos amháricos. En sus andares se columpiaba la aventura, que es dejar al caballo remar para donde le salga o sentarse en la escalera a leer a Figueras (como si eso fuera salir a la ventura, o algo así creo recordar).
En el mundo glacial y no arbolado de Aspirino, de Colodión, de Topolino estallaban los dibujos como una catarata gaussiana, sea esto lo que sea. El contraataque, así como todas las catástrofes, están a nuestro very, very alcance. Nadar sabe mi alpaca la agua fría y no hay voz que no la acusen de quechúa. Lloran los sauces.

martes, septiembre 26, 2006

Las estadísticas suicidas

Los datos que se ahogan en una espiral que sólo apunta a una colección dudosa de contradicciones. Se oponen -algo- a las estadísticas homicidas, igualmente ciegas, ebrias en su aherrojar las realidades de aquí y allá. Medir y calcular y antes de medir, establecer categorías como una emboscada incompetente.
La desconfianza pregonada, que corresponde a una credulidad suma: verdades, verdades que nos sustentan y estadísticas absurdas, las que nos brindan la mejor ocasión para el escepticismo de reunión castiza.
Estadística de los casticitos que presumen de una sabiduría de carácter estadístico. Con la varianza de un cementerio. Con la dificultad de las inscripciones. Con su espectro tan informativo.

lunes, septiembre 25, 2006

Penrose

The Road to Reality: Nada menos. Se acoge el cosmólogo a una ontología trinitaria en que lo que hay son misterios: Los profundos misterios son las conexiones entre los tres consabidos mundos de sir Raimundo, conexiones de uno con otro. No, por ejemplo, de un par de ellos con el tercero. no se nos aclara el formato dígase lógico al que se acogen las conexiones: Algo que ha de buscarse en la realidad empírica del conocimiento, la ciencia, la técnica, la ideología, etc. y no en un sombrajo metafísico.
Y los misterios van precedidos en la exposición de los ordinales que nos recuerdan a un rosario a medias. Nada nuevo para los lectores de las obras exotéricas de Penrose, las cuales muchos leen como si fueran libros de Ian Stewart (didácticos, para aprender qué es un número complejo o una variedad; no para construir una tesis acerca de la conciencia y, a través de tal tesis, de todo lo demás: vése que Penrose intenta levantar lo que llama misterios a partir de las conexiones que salen del mundo dos), como si fueran libros de Ian Stewart, pero afectados de un curioso sesgo, como en un mundo de espejos ni hiperbólicos ni elípticos, y más bien evangélicamente parabólicos.

domingo, septiembre 24, 2006

Nubes

Las nubes quieren ser puntuales. Las nubes no se hacen esperar, esto corresponde a las lluvias porque hay nubes que no nos llueven como algunos creen que debieran. Sin embargo, son competentes jalones o pivotes que coadyuvan al propósito ordenancista de calendarios y almanaques.
Si no en el cielo, las más bien borrosas nubes son formas precisas y salientes en el ciclo de los estíos y los otoños. Un aviso que no deja lugar a prórrogas o crepúsculos demasiado amables.
Hay quen rompe sus hábitos y en una tarde de septiembre se toma el primer café con leche del otoño, como para templar el estómago con una ceremonia gris, que presagia el cielo en libra, que alumbra sagitario.
Al otoño corresponde también una tarde sueño que no se vence, de sueño del tamaño de un melocotón de Calanda, siempre nostálgico de las pelusas del verano. Entre lluvias que puntúan la vendimia como diapasón húmedo, que reverbera entre las calizas que se pudren allá arriba. Busquemos otras imágenes que nos haga tolerable el almanaque -no las hay- y reservémoslas.

viernes, septiembre 22, 2006

Anagnórisis chafardera

Debemos a Cifré la oficialización castellana de la palabra "chafardero". Y así, yo me planteo el caso de la anagnórisis chafardera: descubrimos el nexo entre dos individuos que conocemos: "y es que el de la ferretería es el marido de la hermana del socio de Manolo". Y este reconocimiento nos resitúa en una red que a cada nuevo dibujo nos impone más aproximadas coordenadas en un proceso que nos proyecta cada vez en un espacio más complejo.
Que estas agniciones sean contingentemente erróneas, que no sean anagnórisis puede tener efectos importantes, pero no suponen la introducción de coordenadas sesgadas, abusivas.
Ése es, en cambio, el caso de quien niega la realidad lingüística: A la escritora monolingüe estoniana Elvira Lindo nadie le entiende en Cataluña, por razones obvias. El estonio o estoniano no es lengua hablada por los catalanes. El cosmopolitismo barcelonés y las tecnologías de interpretación y traducción permiten, sin embargo, que intervenga en un acto público en la CC ("Ciudad Condal", que se decía).
Es también reseñable que aunque se truequen los sistemas coordenados, los invariantes se cacen al vuelo: las imágenes líricas de niños, preferentemente en contrapicado, y sus pechos para la nación, una retórica goebbelsiana con un añadido de hipocresía beatitudinal cuando haya de hablarse de ello. Y así también la anagnórisis chafardera: no era el cuñado, era él mismo.

Sepia melancolía

En el As de ayer día 21, Alfredo Relaño parece ilustrar un modo peculiar de nostalgia. Narra un encuentro en Mundaka con Iriondo. Los largos años de entrenador de éste quizá le conviertan, el último de la gran delantera, en el más futbolero de los cinco. Pero el leve, suave tinte del encuentro con un anciano que evoca recuerdos se transfiere a las responsibilidades de los actuales directivos, técnicos, jugadores, del club que traspasó a nuestro héroe a la Real Sociedad.
Las responsabilidades aquí hablan de un futuro próximo, entrevisto en el presente o el pasado de otros equipos que han decaído. Pero ahí se voltea el razonamiento de Relaño y su lección nos revela algo que es más que fútbol, si es que hay algo que no sea fútbol.
Hemos comenzado diagnosticando un tipo de nostalgia peculiar hemos dicho, pero tal vez sea la del artículo de Relaño la condición de toda nostalgia. No sólo miedo al futuro, que no es otra cosa sino una configuración fenómenica del presente (lo que alguien dice que tiene delante), sino un hablar de otra cosa, porque no sólo yo es otro, sino que el otro es un impresentable.

jueves, septiembre 21, 2006

Analogías y aberraciones

En televisión se establece entre el aprendizaje de lenguas extranjeras y el supuesto aporte de calcio, que es lo que se vende. No es cuestión de negar las virtudes de la analogía. Más bien hay que recalcar, por si acaso, la distancia temática entre un asunto y otro. Es el cuerpo del individuo el que acerca los dos tópicos. Por eso, nuestro diagnóstico acerca de la distancia podría juzgarse apresurado. Aun recordamos, al respecto, las virtudes del fósforo y la inconveniencia de los golpes en la cabeza, en particular para aquél que está estudiando.
Quede para el teórico la elucidación y el esquema de estas analogías de atribución mediadas por el cuerpo y sus sistemas, o por todo el transcurso de la vida humana, de la promisoria niñez y adolescencia a la reposada vejez. Nadie sabe lo que puede un cuerpo, a excepción de las agencias de publicidad.

miércoles, septiembre 20, 2006

Hiperbreve / Oulipo / explosión

Una combinatoria aún más explosiva. Tres hechos secuenciables y variamente modelizados. Una vez hecho esto, mentar al lector. Y, por último o no por último, que cada hecho se deshaga en un abanico de perspectivas. Dejar de nombrar al resto del universo: Cuando desperté, vi, me extinguí y vencí.

martes, septiembre 19, 2006

In a straihgtforward way

- En cuanto a su anterior pregunta en que hacía referencia a mi libro de 1958, le diré que me había quedado completamente estancado. De hecho, había comenzado a escribir y, por así decir, razonaba, o repetía razonamientos de mi obra anterior, a medida que escribía, sin plan y sin saber qué venía luego. Esa es la razón de mi estilo tan -tengo que reconocerlo- serpenteante y, como dicen, enmarañado. Lo mejor es que me vi detenido, incapaz de seguir, no con la escritura (una trivialidad), sino con la ciencia, con mi teoría. Cuando ya no podía más, allá por la página 40, cuando ya no sabía que más decir, escribí y allá están todavía esas palabras: "To put it in a straightforward way". Ahí, justo ahí, me detuve durante dos meses porque no sabía cómo continuar. Recuerdo que al cabo de ese tiempo volví a la tarea y el libro se desarrolló, con total consecuencia, a partir de la apodícitica afirmación, tantas veces citada en la literatura especializada, con que reemprendí el libro in a straightforward way.

De John S. Wall, Fifty years of linguistics: An Interview with Ernest Glosslay.

lunes, septiembre 18, 2006

Buridano

Anteriores en el tiempo fueron sus lecturas de los clásicos del conductismo. Clásicos aquí quiere decir algo menos que clásicos, simplemente los libros de referencia en aquel tiempo. Más tarde, entre sus lecturas se contaron otros quasi-clásicos del antimentalismo. No sólo que las condiciones materiales de la vida determinan la conciencia, sino que no te fíes de la papiroflexia de simbolistas, funcionalistas, cognitivistas y demás. El caso es que pudo haber llegado a pensar que había completado el trayecto de Putnam o alcanzado la clarividencia de Quine en la más primera de sus juventudes.
Y así decidió que no debía pensar. Creyó que no pensamos y que no deber pensar era no creer que estábamos pensando. Para evitar cualquier problema, más que concluir, intuyó que debía abandonar tan funesto espejismo de un hábito. Pienso, luego me engaño si creo tal cosa. Dejó de pensar. Pero no sabemos si fue por lo dicho.

domingo, septiembre 17, 2006

Azar contiguo y sin ti

Dio en pensar que su vida, su más o menos satisfactora situación, era resultado de una serie de azares, no tanto, aunque también, esa su favorable situación, sino sobre todo su profesión, su lugar de residencia, su familia o su lugar de vacaciones.
Daba por buena similar conclusión para su mujer, pues -como casi siempre- ella y él bien podrían no haber coincidido nunca: Sus vidas por separado le sonaban como narraciones tan convicentes como su biografía registrada o como su memoria. Y llegó también a idéntica conclusión en lo que hacía a toda su familia, a todos sus miembros, con sólo repasar cómo se habían ido anudando los lazos que la habían ido constituyendo en el poco más de un siglo en que podía reconstruir la historia de ésta, no con archivos que no se molestaría nunca en investigar, sino con los recuerdos y relatos que había reunido en una vida no carente de reuniones familiares con sus inevitables tiempos muertos y anécdotas contadas siempre como si fuera la primera vez.
En cambio, la vida de todos los demás, amigos, colegas, conocidos (vidas de las que podía saber bastante), era una bien delineada sucesión de hechos que se habían ido haciendo necesarios unos a otros, siempre según la bien pautada sentencia del tiempo.
Concluyó que su visión sesgada, con sus dos estilos o géneros narrativos tan bien distribuidos, obedecía a una diferencia real entre un círculo más próximo -o, quizá, de una naturaleza más pregnante- y un mundo exterior -aunque incluyese amigos íntimos- de un orden más mecánico y predecible , diferencia que había determinado necesariamente ese sesgo del que no veía manera, ya lo intentase por juego, de escapar.
Que el reino de la libertad (de una libertad como tal absurda e impotente, su negación) se identificase con el ámbito familiar le pareció que era un síndrome merecedor de un nombre propio, que acabase por conducir en breve plazo a una bien articulada bibliografía técnica.
Ahora anda embarcado en las averiguaciones de rigor, por ver si alguien se le ha adelantado en su descubrimiento científico.

sábado, septiembre 16, 2006

La ciudad podrida

España. Un hojaldre cadavérico con oropeles pagados por un promotor inmobiliario con su bastón de mariscal de descampado. Una geología de hormigón como huesas que se levantan sobre un horizonte polvoriento. Pozos de dinero con toberas que servirán para deshacer lo que se haya salvado. A favor de una ambición idiota y microscópica.
El discurso idiota de quien niega dignidad a los usos para negarlos en las ciudades o a las ciudades para negarlas a los usos. El snobismo del idiota que salta como un idiota para ir de sí mismo a sí mismo y reencontrarse c0n su cara de idiota, lo que nos hace sentir nostalgia de aquella época en que los horteras no habían hecho el bachillerato. Una churrería con juncos de plástico, una tómbola de tumbas y esquelas, la lotería tramposa para que todo el mundo tenga sus cinco minutos de ser el más listo.
Una llama que arde antes del frío y que eleva al aire enfurecido prudencias incadescentes, sus fantasmas vanos ya, como su fuerza.

viernes, septiembre 15, 2006

La mujer bidimensional

Hechos un figurín. Vernos hechos un figurín. Y éstos, como suele ser habitual, estilizados y probando que la vista está hecha para la geometría proyectiva y sus proyectividades y el tacto para el volumen. Queremos decir: la vista desconectada del tacto se pierde en aberraciones bidimensionales, últimamente en aberraciones libidinales (si algo queda en según qué sujetos) y metabólicas.
Vemos también cómo artes o artesanías andan empeñadas en la pérdida de una dimensión característica: la arquitectura virada o proyectada hacia la fotografía y el vestido para un espejismo o una santa compaña haciendo el caballito.
O una perspectiva pictórica que disuelve los cuerpos, los decolora y que buscan los pintamonas con apellidos virando hacia el Milanesado.

jueves, septiembre 14, 2006

Las mediocres intenciones

Consideró, como solía, que aquél que comenzaba no era día de grandes ocasiones ni para grandes trabajos. O ni lo consideró, y puesto que solía inclinarse por lo señalado, habríamos de signar más bien el día en que considerase lo contrario, esto es, que considerase algo: voy a emprender un viaje sin dinero o voy a ponerme en serio con la obra de mi vida. O se van a enterar éstos.
Sus intenciones eran, por tanto, las de alguien carente de toda determinación, a quien la voluntad no acompañaba. De otra manera: en "La voluntad de poder" hay redundancia. Es voluntad. Notemos, sin embargo, que esta última conclusión bien podía ser suya, pues era la consolación de un abúlico que viniera a decir "me adornan todas las prendas; me falla, eso sí, la voluntad, que si no..."
Podía optar por apoyarse en la voluntad ajena y componer el conocido binomio del técnico y el político, pero ¿técnico en qué? O podía no hacer nada, huye, hombre feliz, de todo esfuerzo. Optaría por un dejar pasar el día como un slálom de agudezas o como ese líder político que tanto juego daría opinando contundente acodado en una barra relativamente anticuada, excitado, brillantes los ojos a la hora en que los más tardíos decidieran que no podían retrasar más el primer plato a sus santas esposas y a sus vidas tiradas por los suelos.
Pero ha optado por imaginar en la mañana una entrevista con un periodista que le propone elegantes carámbolas, triples como un silogismo o sintéticas como un entimema sobre el verde tapete. O tal vez se detenga y contemple sus perplejidades secretas en las que no puede detenerse el hombre público que entretiene sus fantaseos y su café con leche. Es posible que él sea verdaderamente ese hombre. Que apenas despierte de su pesadilla de fama y compromisos y que ya no se encuentre. (Entre otras variaciones psicológicas del género de la alienación, el autoextrañamiento, o el ciclismo de mesa camilla.)

miércoles, septiembre 13, 2006

La coleta de Fignon

Tarde entregada a la aerodinámica. Al flujo de aire nada seco. Como a todo flujo rápidamente le descubrimos un sesgo hacia lo que se denomina "mental": la ineficacia aerodinámica es consecuencia de que el cerebro habría necesitado algo más de glucosa.
El debido reposo que permitiría evitar los torbellinos, el debido reposo, que es la cabeza funcionando. La ruta de la seda y miles de onagros. Seda, que avisan los ciclistas, una seda que se lamina entre el aire y pierde viscosidad y sálvese quien pueda. No diré de qué se trata.

martes, septiembre 12, 2006

Chinatown

Los exiguos pantanos, la arrugada ya lámina de agua, los lechos secos (corazón vacío) comenzarán a encadenar sus chinatowns (o china-townes) de complicadas tramas en que las personas cargarán con sospechas que arrastrarán a otros, amores o descendencia oculta, funcionarias fatales, periodistas de aparato dental retorcido e invenciones amontonadas.
La escasez, motor para la conspiración, motor de agua a pleno día, con un sol que se cuela por la falla de San Andrés y por los ocultos pasadizos de toda imaginación. El agua, foco de la intriga que viene. El fuego que acentúa el agua y sus foces resecas. Un país que gasta su último papel en anillos de humo. Los anillos de humo que se alejan y se ensachan envolviéndonos a todos, camino de la fuente, por si acaso.

lunes, septiembre 11, 2006

Leaves of Grass

Grass confiesa. La materia de la confesión es, para muchos, el no haber confesado antes. Algo que puede afearse, pero a lo que no se le niega absolución. No hay que llevar más allá una analogía que ya es engañosa verbalmente, pero quedémonos con los paradójicos caminos por los que la materia de lo declarado se contrae o se dilata no sólo como acción individual por la que el sujeto incurriría en responsabilidad, sino también como hecho o situación objetiva que hemos de valorar.
Curiosamente, los hechos van adquiriendo un tono menor, difuminado, insignificante, no los hechos de Grass, los hechos como tales: alistarse en las SS o cualquier otra cosa, pero no porque lo individual se degrade, sino porque se parte de la disculpabilidad o la culpabilidad insalvables del individuo, a gusto del consumidor.
Aunque los hechos sean de carácter único o extraordinario. O quizá es que no haya hechos de un género extraordinario o único. Es posible que cualquier error o cualquier injusticia contengan de algún modo la mayor injusticia o el más irrecuperable error. Me callo porque como esto último suena algo borgiano debe de ser una tontería.

domingo, septiembre 10, 2006

Núcleo

Rubianes, el caso Rubianes en el teatro madrileño. Las derivas de la discusión, que suelen llevar hacia la gracia de la subvención y la selección de los beneficiarios, lo que complementariamente iguala el mercado a una peculiar justicia.
No en una cadena pública, pero sí en una privada, los españoles han podido ver El núcleo, de Jon Amiel, que insulta a España por el expediente de insultar a todos los espectadores.
Como yo no la he visto más que de trozo en trozo, no puedo atestiguar completamente la verdad del detalle, pero diría que el dinero público que paga a los héroes de la película (que les paga la posibilidad de que sean héroes, porque no se puede pagar a los héroes sin que éstos dejen de serlo) se libra sin que medie concurso. Parece que se compra un bien a un monopolio, lo que no desdice de la unicidad esférica del núcleo terrestre que visitamos en la película.
Igualmente, cada obra dramática debe de ser también única, sostienen algunos -el arte y yo somos así, señora-, y la concurrencia que se produce es falsa. Deducimos nosotros que a una gracia le responde otra. Con lo que, concluimos, lo que el señor nos da, bien nos lo puede quitar. Aunque aquí el señor sea un señor con miedo y aficionado, como en El núcleo, a horadar si no la Tierra, sí la tierra.

sábado, septiembre 09, 2006

Butaca. Patio. Interior. Meridiano

Visitando al Sr. Green o lo que pasa con los padres. Los padres por exceso o por defecto. Los adultos o el teatro como una búsqueda de padres que no compadreen (aún me permito el chiste). El padre que no nos deja ser padres sin pena. Pero el padre que guardamos para otro que sea nuestro padre.
O un vacío alrededor del que gira el tiovivo hinchado de la tradición o del dejar pasar los días. Un vacío tirano que nos deja caer de un día para otro, o que descubre nuestra caída de hace tanto tiempo.
O la redención como un soplo, con lo que puede otro, el otro de al lado. Nada vacío. Estaba todo justo a nuestro lado. Tan fácil, que podemos sospechar que el optimismo es un padre mal informado. O el juez azar.

viernes, septiembre 08, 2006

Historia, individuos, universales

Los experimentos relativos a la inducción de falsas memorias suelen encontrarse, al parecer, con el resultado de que los memoriosos sujetos pasan a recordar historias falsas -por lo menos, a juzgar por sus relatos- surtidas con todo lujo de detalle, coloristas, que sobrepasan la económica imaginación del experimentador por ciento cincuenta cuerpos de ventaja.
Sabemos también que los individuos no adiestrados en la materia presentan cierta tendencia a confundir probabilidad con, digamos, verosimilitud narrativa: consideramos más "probable" que el atracador fuera un varón de raza gitana de unos treinta años con cadenas de oro al cuello a que fuera un varón.
Dirá el cultivador de la ontología que el individuo se aproxima al universal y achica espacios a los juicios particulares. Plantearán en algún departamento aledaño (e igualmente aldeano) el asunto en términos de estética o filosofía del arte: la curiosa semántica del relato que engrandece al personaje, si detallado en su relato, hasta la bóveda de los universales. Los psicólogos dirán lo que les dé la gana y otros no dirán nada.
Tomamos nota de la necesidad de llenar la historia, de que la historia cumpla el trámite de la realidad con sus características tangibles, con la memoria de un paisaje o con la de un guijarro que nos entretiene en un aparte de la batalla. Y es que la realidad debe de ser eso, una cosa muy repleta de detalles.

jueves, septiembre 07, 2006

Cagarla

La retórica que, y todo para acabar pasando por el aro tras haberlo pregonado, le permita luego justificarse: "le he dicho lo que le tenía que decir". La acción política del desorientado, a quien -pese a sus contradicciones- no le negaremos alguna razón ni tampoco su vocación de barquero con su cargamento de verdades, quiere fundamentarse en el principio de realidad y así suele denunciar la insulsez florida que atribuye a sus adversarios políticos. No se comprende entonces que ante su interlocutor principal o para la galería se empeñe en declamar las grandes verdades con las que está comprometido. ¿Espera convencer sinceramente a aquél? ¿No se ha parado a pensar en los costes de su actitud si busca ganarse a la galería?
¿O es que la desorientación es ya de un grado superior? No sólo no sabe cómo llegar a donde quiere, sino que no sabe qué quiere.

miércoles, septiembre 06, 2006

Tractatuculus

El estudio de las cada vez más frecuentes epifanías del sintagma "vida cotidiana" ha facilitado la vida de los arduos especialistas en el fúlgido dominio de la teología política. Es la vida cotidiana el vacío que legitima cualquier cosa que vaya a su lado. Lo hemos visto en el no menos arduo agosto con ocasión del Congreso Mundial de Matemáticos cuando los adelgazados diarios del estío día sí y también al otro publicaban artículos con títulos como el de "Matemáticas y vida cotidiana", "Las matemáticas en la vida cotidiana" y otros por el estilo, aunque ciertamente nos quedamos sin ver algo así como "Las ecuaciones de Navier-Stokes en el futbolín sin piri", sin duda de mayor interés intrínseco.
El País de hoy miércoles ofrece un artículo, que firma J. A. Aunión no exento de interés y de título "Las matemáticas ocultas en la vida cotidiana", si bien la cotidianeidad de que se habla es de muy diversa naturaleza y grado de especialización, pues va de hacer una búsqueda en internet a la criminología. Pero note y anote el lector cómo lo que cuenta aquí no es ya la cercanía para los legos desconocida que media entre ellos y las matemáticas, sino que hay un baño especial en que las matemáticas se hallan sumergidas y que es la vida cotidiana. Si nosotros fluctuamos en ella, probablemente estaremos ya próximos al ahogamiento. Es lo que tienen las fuentes de legitimidad. Por si acaso, procuremos no tener contacto alguno con ese acto puro que se llama vida cotidiana.

martes, septiembre 05, 2006

Termodinámica del portero de discoteca

Prosiguiendo con nuestras investigaciones y como corolario a nuestra presentación de ayer, nos fijaremos hoy en una figura que tanto entretuvo los días de juventud de algunos, al tiempo que fungía como renovado coco o sacamantecas de no imposible burla para adolescentes: el portero de discoteca.
El portero de discoteca la llena con una subclase de individuos y deja fuera a otra no supondremos que totalmente al azar. El gasto que hace lo anota a beneficio de sus bíceps o de algún otro músculo no menos emblemático. En cualquier caso, Maxwell pudo inspirarse en lo que sucedía en determinadas instituciones del Reino Unido bien conocidas cuando asignó a un pobre diablo el diabólico oficio de portero segregador (¿los años de Peterhouse incluidos?).
No cabe duda de que cada uno de los profesionales del ramo no repara en kilocalorías cuando se trata de ejercer su función, por no hablar de los choques más o menos inelásticos de sus puños con algunas zonas de los cuerpos de algunos de los individuos que revolotean en torno a su portería con cerveza. Y hablamos en presente aunque nuestra más bien episódica experiencia se remonta o mejor desciende a bastante años atrás.
Ahora bien, cuando su conducta, la del portero de discoteca, era de carácter verbal o lingüístico era éste capaz de aportar criterios de exclusión tremendamente económicos y que venían a sustituir a expedientes sin duda más complicados: "no se puede entrar con deportivas (esto con alguna otra preposición no menos barojiana)", "sólo entran parejas" y algunas más del mismo género. Seguramente querían que los incluyésemos en el mismo sindicato que el de su patrón boiteux (esta vez de boîte), el diablillo de vista aguda.
(Sobre el hablar económicamente de muchos, aunque el gasto lo hace el lector, puede visitar este enlace.)

lunes, septiembre 04, 2006

El demonio de Maxwell para salidos

Si está tanto rato mirando a las moléculas de gas lentas y rápidas (calientes al fin, propiedad ésta que, aplicada a las personas, sabemos que se compadece con el singular), será porque le gusta, porque le ponen, que para eso es un daimón, por ponernos suaves. Se calentará el hombre. Se le irá la fuerza abanicándose, o se le vendrá el desorden.
(Podemos imaginarnos a Fernan Gómez en su prime of Mr Fernangómez prestándole rostro y ademanes al fáustico personaje, pues todo el experimento mental de marras tiene algo de comedia suave y fantástica de los años cincuenta o primeros sesenta. Antes de los calentones de López Vázquez, un punto manieristas, o antes de los landescos, menos sobrenaturales pero a los que no podemos dejar de reconocer cierta eficiencia, termodinámicamente hablando.)

domingo, septiembre 03, 2006

Mundial

Puede desearse que el personaje hable como si hubiera leído sus aventuras, su historia, lo que es distinto a que se conforme con haber leído, para proseguirlas, sus primeras aventuras. Cuando dice lo que se espera de él, lo que se espera como el personaje que es o está llegando a ser, la verosimilitud se compromete salvo para públicos lectores entregados a una causa de conspiración florida.
Y es que los personajes están todos ya doblados de su imagen y de las helicoides crecientes de la televisión, la prensa, internet y otros mentideros. Lo saben, y por ello mismo ha de temperarse su entusiasmo y su perseverancia en el relato en que han alcanzado la fama y una paradójica recepción.
Por otro lado, las hipótesis conspirativas precisan de un enemigo increíblemente poderoso y las hay de dos tipos: las abstractas, las que nos hablan de la huída del bunker o algo por el estilo y las que se refieren a nosotros y encuentran un sesgado multiplicador en los lectores. Pero destaquemos la necesidad del enemigo poderoso, inasequible, más omnisciente que el autor, el editor, o el niño que juega a las chapas, como en algún pasaje subrayó Juan Benet, o como tal vez lo hizo en toda su obra.

sábado, septiembre 02, 2006

Pistas

La policía austríaca sigue una pista inestimable, pero cargada de una redundancia tonta. Debe de ser culpa de las ruedas de prensa.
En un blog se coleccionan días, que al final no son de nadie y están siempre condenados a perder su juventud. Esto no es redundancia, sino prosopopeya, zeugma, metonimia y papiroflexia, todo a la vez.

viernes, septiembre 01, 2006

Va en verso

Que nada iba en serio pese a todo
Que las sombras contra el muro
eran broma
como broma
El sol radiante afuera
Una verdad que cogiéramos con la mano
O contundente falsedad como un antojo

Ahora cerrar
ahora irnos del todo
Mito del actor que muere al fingir de otro la muerte
Y sin embargo apurar los últimos
La copa en la mano parlamentos

Como si el tiempo que aspiramos detenido
No fuera ya lo sabe el príncipe o lo ignora
De otra materia y de otro artífice
Lenta tersa helada

Y sin embargo ensoñar el pasado que fuïmos
Deshacer la malla
A pedradas el muro del teatro y llegar
Al cenador a la rotonda al último desagüe
Helados postres: ver que todo fuera pura broma