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viernes, octubre 19, 2007

Continuo, salchichones, gelatinas

En su día presentamos el libro de harina, que es la versión en formato pdf del borgiano libro de arena: la infinitud, incontable e inordenable se compadece mejor en la ficción de un libro manejable con las manos que en la de un archivo que se pierda en una malla infinita de ordenadores. En último término, la malla infinita de ordenadores seguiría dando resultados contables porque las mallas, el común de los mortales sólo podemos imaginarlas recorribles.
Y es que de la realidad física corpórea (y lo que se va a decir puede aplicarse con seguridad a la incorpórea) sabemos que es discreta, pero nos la imaginamos más capaz asiento del continuo que el ordenador cuyos efectos se basan sobre la discreta sucesión de símbolos. El ordenador se marida con el infinito bajo la metáfora del mar: la malla como tela de araña cuya infinitud está jalonada: puede haber un incredible shrinking man, pero nos cuesta con unos incredible shrinking knots.
Puede apuntarse que las ficciones que apuntan si quiera por aproximación a la fractalidad son milenarias, pero por ellas no se las ingenia el mitógrafo para llegar al continuo, o si se las ingenia, pitagóricamente, no lo dice.

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