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jueves, diciembre 13, 2007

Deutsches Requiem

Hablábamos de Las benévolas y sin decir su nombre y sin mentir nos acechan sus hermanas Parcas, no –para nuestra fortuna y sin especial mérito- por las zanjas de los cadáveres o los hornos crematorios. Nos mueven para inquietarnos las comisiones, que pueblan el Tercer Reich con una constancia indesmayable, y con ellas la envolvente razón burocrática, que alcanza por igual como es bien sabido a organizaciones públicas y privadas.
Se trata de una razón envolvente que no excluye el sobreeentendido de que los asuntos pueden evacuarse a espaldas de los procedimientos recibidos, y de hecho tal posibilidad refuerza el carácter dramático de las comisiones.
En el régimen nazi, no faltaban quienes concebían su trabajo como una hermenéutica de la voluntad del Führer, que se antojaría incluso como un recurso inaplicable por lejano, por asintótico, pero siempre pendiente como centinela perpetuo y siempre pendiente como espada de Damocles. Con hermenéutica o sin ella, queda el aforismo famoso: "A camel is a horse created by a committee."
Lo cual –si dejamos aparte que el camello conoce su trabajo- es el mejor argumento contra el diseño inteligente, el cual no pude ser suficientemente inteligente. Aunque las comisiones sean imprescindibles para dar apariencia de método a una decisión que no es la mejor de las posibles, porque no hay principio de razón suficiente, ni en ellas ni en la evolución, las matanzas y los memorandos. Que en cristiano quiere decir que los productos de la evolución no pueden medirse y los de las comisiones los mide otra comisión o la barra del bar, condenada al olvido.

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